Muy malas señales para el desarrollo económico de la región hemos conocido esta semana, en la que el Instituto Nacional de Estadísticas dio a conocer el INACER, el Indicador de Actividad Económica Regional  del segundo trimestre de 2017; donde se señala que en comparación con el mismo trimestre del año anterior, la economía de la región de Coquimbo registró un  descenso de 4,3%. Esto fue provocado fundamentalmente por las disminuciones registradas en las áreas de Minería y Servicios Financieros y Empresariales, no obstante que también tuvieron resultados negativos la Construcción; la Industria Manufacturera; la Pesca; los Servicios Sociales, Personales y Comunales y los servicios de Electricidad, Gas y Agua, todos los cuales han presentados resultados negativos en el año completo medido. Esta es una clara confirmación de lo que hemos venido sosteniendo desde hace ya mucho tiempo: nuestra región ha perdido su rumbo de crecimiento y desarrollo sostenido que tuvo durante el Gobierno del Presidente Piñera y los negativos efectos de este cambio lo están pagando lamentablemente todos quienes viven en la región, especialmente en aquellas comunas que están más directamente ligadas al trabajo de la Minería, que históricamente ha sido uno de los pilares económicos de la zona.Esta disminución ha sido la más baja durante el período anual que se considera para hacer la  medición y es en este período donde tal como se señaló, siete de las once actividades económicas medidas bajaron con respecto al año anterior. Al señalar que el sector que más incidió negativamente en el indicador fue la Minería, se explica que esto se habría producido al haber una menor producción de cobre, afectada por mantenciones de las instalaciones y por la menor ley del mineral extraído, además del efecto también de la baja  en la producción de plata, oro y hierro.Más allá del análisis de cifras tan negativas como las que vemos, debemos preocuparnos de lo más importante, de cómo estos resultados siguen afectando con fuerza a las familias de nuestra región, que día a día sufren el impacto del peor de los flagelos, la cesantía, que ha golpeado a todos los espectros de la sociedad por igual, provocando desequilibrios familiares que se hacen cada vez más inmanejables, especialmente en  la educación, la salud y la vivienda.Este es el más importante de los desafíos que deberá enfrentar el próximo Gobierno que esperamos sea del Presidente Piñera.

 

 

 

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