• La única fotografía que la familia de Marité conserva a tres décadas de la muerte de la niña de 8 años.
  • Ana María Alquinta, madre de Marité Campusano, mientras el homicida de su hija llegaba a Coquimbo escoltado por Gendarmería.
  • Gustavo Justo León era detenido por la policía en octubre de 1989.
Crédito fotografía: 
El Día
María Teresa Campusano fue violada y asesinada en medio de las celebraciones dieciocheras, en La Pampilla de Coquimbo en 1989. Tras pasar más de 25 años tras las rejas, su homicida salió en libertad en 2017 y hasta la fecha permanece prófugo, luego de incumplir con las medidas de una libertad condicional. La familia de la víctima enfrenta un difícil aniversario de la muerte de la niña.

Este 18 de septiembre no será un día de celebraciones para Ana María Alquinta. Mientras la alegría dieciochera llena una vez más el recinto de La Pampilla de Coquimbo, la mujer deberá enfrentar un difícil aniversario por la muerte de su hija, María Teresa, a treinta años de su dolorosa partida.

No es un caso cualquiera, es quizás el más emblemático de las últimas décadas en el puerto. La historia de “Marité” consternó a todo un país, llegando a ser uno de los crímenes rescatados por el programa Mea Culpa de TVN, cada acción en la causa llenó los papeles de la prensa de la época y en estos 30 años, las heridas se vuelven a abrir.

En 2017 el autor del crimen, Gustavo Justo León, salió en libertad condicional y tras pocas semanas dejó de cumplir con las medidas sustitutivas, por lo que se ordenó su captura y hasta el día de hoy, sigue prófugo de la justicia. En un nuevo aniversario, todo vuelve a configurar un escenario difícil para una familia entera, que sufre el dolor de la partida de uno de los suyos.

El crimen

18 de septiembre de 1989 y La Pampilla duerme. Habían culminado los festejos patrios en Coquimbo y en el silencio de la noche Gustavo Justo León se acercó al vehículo de la familia Campusano Alquinta, que como cada año llegó a la fiesta para trabajar vendiendo comestibles a los asistentes.

El hombre, de nacionalidad peruana, se acercó al auto donde dormía Marité, de 8 años de edad, junto a su hermano, mientras sus padres atendían el carro de comidas.

Justo despertó a la pequeña, que medio dormida lo siguió hasta un sitio solitario del recinto, donde abusó sexualmente de ella, mientras la estrangulaba para que no huyera, causándole la muerte. La dejó ahí, hasta que de madrugada sus padres notaron su ausencia y salieron a buscarla por todo el lugar, hasta encontrarla fallecida.

Las consecuencias

Recordar no es fácil para Ana María Alquinta, su madre. Si ya el año pasado le costó acceder a dar entrevistas sobre el tema, esta vez la emoción fue más fuerte.

"Aún estoy sufriendo las consecuencias de lo que pasó (...) No fue difícil criarla, pero la crié contra el mundo, no quería que le hicieran daño y le decía ‘si te hacen algo pega, reacciona", Ana María Alquinta, madre de Marité

No se esperaba una nueva llamada desde El Día para conversar sobre el tema y cuando le propusimos hablar nuevamente, con la voz claramente afectada, nos pidió tiempo. Debía conversarlo con su hijo primero y acordó definirlo al día siguiente, sin embargo no contestó la llamada.

Su rechazo es entendible. Durante mucho tiempo se esforzó en olvidar todo lo sucedido y vivir su duelo en silencio desde su casa en Coquimbo, hasta que una vecina le mostró en febrero de 2018 que el homicida de su hijo estaba libre.

Pensó que era libertad total, no condicional y aun así no quiso hacer nada al respecto, decepcionada de  la justicia y de la vida en general. Su historia no ha sido fácil y la trágica partida de Marité no fue el único dolor que debió enfrentar, fue de hecho, el desencadenante de una serie de sucesos tristes en su familia.

“Aún estoy sufriendo las consecuencias de lo que pasó” dijo entonces a un equipo de El Día que llegó hasta su casa. Lamenta no haber recibido ningún tipo de apoyo psicológico tras el crimen, lo que redundó en el alcoholismo de su esposo, quien murió hace ya más de diez años, víctima de una atropello.

Sus otros hijos crecieron con un profundo dolor y uno de ellos prefirió no formar familia. Cada año de trabajo en La Pampilla desde 1989 fue una constante preocupación con los hermanos de Marité y la crianza fue aún peor, sobre todo con una de sus hijas. “No fue difícil criarla, pero la crié contra el mundo, no quería que le hicieran daño y le decía ‘si te hacen algo pega, reacciona’”, lo que trajo consecuencias que prefiere no detallar.

“¿Cómo ha sido la vida desde entonces?, fome, triste”, comentó sin poder evitar las lágrimas, detrás de ella la única fotografía de Marité que conserva está acompañada de una imagen de la Virgen de Guadalupe. Las fuerzas no solo las saca desde su fe, su mayor fortaleza, asegura, se la entrega su familia y sus nietos, con los cuales hoy vive. El apoyo de sus hijos y de Lidia, una amiga de toda la vida, ha sido fundamental.

Sobre el homicida dijo que “si no hay pena de muerte, él debería estar preso de por vida por lo que hizo, porque le puede hacer daño a otras personas”. En su cara se vio algo de esperanza cuando supo que por quebrantar la firma semanal debía ordenarse orden de captura, al mirar la fotografía que lo muestra en libertad, su expresión cambia, como cuando habla de su hija.

Tras los pasos de Justo León

El día de la muerte de Marité, en medio de la desesperación, la consternación y la rabia, se inició una intensa búsqueda del autor del horrendo crimen, por el momento desconocido. Una vez revelada su identidad, algunos de los asistentes a La Pampilla de esa noche, aseguraron haberlo visto en la muchedumbre que seguía de cerca las primeras indagaciones de la policía en el lugar de los hechos.

Se desplazó a Ovalle y ahí permaneció algunos días. Su idea era dirigirse al sur del país, pero finalmente fue capturado en Cauquenes en el mes de octubre, luego de que un amigo suyo alertara a la policía, luego de que Justo León intentara robar su auto para concretar su escape.

Fue trasladado por personal de la Policía de Investigaciones hasta el entonces Primer Juzgado del Crimen de Coquimbo, donde el pueblo lo recibió con toda la rabia, a gritos y arrojando piedras al carro de Gendarmería que lo transportaba, exigiendo justicia, muchos de ellos, pidiendo la pena de muerte.

Estuvo cinco días en completa incomunicación en la cárcel de La Serena, a la espera de la decisión del tribunal y el 20 de octubre fue declarado reo por el juez Jaime Meza, “la madre de Marité, al conocer ya la resolución, empezó a llorar desconsoladamente en las afueras del tribunal”, consignó Diario El Día en aquella época.

La condena y la falta

Luego de la investigación del juez, fue declarado culpable del delito de abusos sexual con resultado de muerte, condenado a cumplir con la pena de presidio perpetuo. Pese a que la pena capital no estaba derogada aún en el país, los debates apuntaban a su sustitución por la cárcel de por vida, lo que quedó regulado en los 2000 con la Reforma Procesal Penal.

Ingresó a cumplir con la medida al Complejo Penitenciario de Acha, en Arica, donde cumplió con la totalidad de la pena efectiva necesaria para postular al beneficio de la libertad condicional, al que intentó acceder en más de una ocasión, sin embargo en las primeras ocasiones recibió negativas.

“Sin perjuicio de cumplir con los requisitos para postular a la libertad condicional, la Comisión está facultada para concederla o no, pudiendo considerar que habiendo transcurrido sólo una fracción del tiempo de la condena y la extrema gravedad del delito por el que fue condenado, por voto de mayoría se consideró que resultaba carente de elemento de proporcionalidad que establece el Decreto Ley N° 321, estimando que requiere un mayor tiempo de evaluación para comprobar que se encuentra corregido y rehabilitado”, se indica en el informe enviado a la Corte por la jueza de Garantía de Arica, Paulina Zúñiga, integrante de la Comisión de Libertad Condicional.

Tras este último rechazo, recurrió nuevamente a la Corte, esta vez con un recurso de amparo, para revertir esa resolución, alegando que “se me discrimina por la postulación a dicho beneficio”. Finalmente el recurso fue acogido y con un voto en contra, Gustavo Justo León logró obtener la libertad condicional en noviembre de 2017.

Debía cumplir con firma semanal, pero solo lo hizo durante pocas semanas, por lo que Gendarmería notificó al tribunal y este ordenó su captura, ya que con la falta debía nuevamente ingresar a cumplir con su condena de manera efectiva, es decir, tras las rejas, sin embargo desde entonces su paradero es desconocido.

Estaría en Perú

Desde que se conoció de su situación, comenzaron a circular imágenes que muestran a Gustavo Justo León en la casa de su madre, en Perú. Rastrear su paradero no ha sido fácil y según los últimos antecedentes aún existiría una orden de captura, sin embargo, no ha hecho ingreso a un penal.

Una vez que sea capturado deberá cumplir su condena en la cárcel y no podría postular nuevamente al beneficio que lo dejó salir.

Presidio perpetuo bajo la lupa

Que Gustavo Justo León saliera en libertad produjo indignación en la comunidad. Muchos no comprenden como uan condena que debiese ser de por vida, abre la posibilidad de salir de la cárcel.

Pero la pena efectiva no es la única forma de cumplir condena. Con un presidio perpetuo esta es de por vida, sin embargo existen otras formas de cumplir con la pena, como firmas períodicas, arraigo nacional, entre otras medidas.

Para obtener la libertad condicional se postula, pero no todas son otorgadas. Se deben cumplir varios requisitos y no todas se otorgan. En el caso de personas condenadas a presidio perpetuo deben pasar por obligación 20 años en la cárcel, cuando es simple y 40 años, cuando es calificado.

Justo León cumplió con los requisitos y es aquí donde algunos llaman a poner atención. El abogado Carlos Galleguillos, exseremi de Justicia dijo en aquella oportundiad que quienes son condenados por este tipo de delitos, debiesen pasar por evaluaciones diferentes.

“Cuando yo ejercí como seremi, la familia se contactó conmigo a través de su abogado, porque tenían algunas aprensiones respecto a que este sujeto estaba pidiendo ser trasladado a su país. Sin embargo, nosotros tomamos contacto con las autoridades del Ministerio, para que no se le otorgaran ciertos beneficios, principalmente porque existían algunas deudas pendientes, porque no había pagado lo que correspondía, por concepto de responsabilidad civil, las indemnizaciones que se habían establecido”, indicó el abogado a El Día cuando conoció del problema.

En este sentido criticó que los requisitos para los condenados por estos graves delitos sean los mismos que los establecidos para los sentenciados por delitos comunes, “ellos en realidad necesitan otros procesos de reinserción, que tienen que ver con procesos psíquicos y psicológicos, y las personas que cometen delitos sexuales rápidamente se reinsertan, porque cumplen con los requisitos de trabajo, no tienen consumo problemático de drogas y generalmente tienen estudios”, por lo que llamó a revisar esta instancia de la legislación chilena.

 

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